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Scotty Laughland explora el territorio del Yukón con el nuevo XTR

La ciudad de Whitehorse, en Yukón, siempre ha ocupado un lugar especial entre los paraísos de la bicicleta de montaña por descubrir. Sí, no es fácil llegar hasta allí, está un poquito más lejos que otros destinos, pero gracias a Mountain Bike Worldwide todo eso iba a cambiar, porque me ofrecieron la oportunidad de asistir a uno de sus viajes para disfrutar de los mejores senderos y compartir mi experiencia sobre los pedales.

El día antes de mi vuelo, por la tarde, llegó a mis manos el nuevo grupo XTR de 12 velocidades; tenía 12 horas para montar las dos ruedas, construir la bicicleta, guardarla en la funda y dirigirme al Yukón.

Por suerte tenía quien me ayudara, y puse las ruedas en manos de un montador de confianza, Andy de Stirling Bike Doctor. Así que me tocaba a mí montar el resto de la bici: empecé atornillando los frenos, ajusté las mangueras, un purgado rápido y ya tenía listo el paso 1. Monté el resto de la bici lo mejor que pude y quedé bastante satisfecho con el resultado. Recogí las ruedas, monté el nuevo cassette de 10-51, y coloqué los discos de freno. Aunque no había seguido todo el proceso al pie de la letra, la bici tenía muy buena pinta. Tal y como lo saqué de la caja, el cambio funcionaba con una precisión impresionante, fue muy fácil de montar y solo necesité realizar unos cuantos ajustes en los cables para sincronizar los desarrollos. Pero si hubo algo que me impresionó del grupo fue el buje trasero, completamente silencioso y con una rodadura suavísima. Ya tenía todo montado y solo faltaba guardar la bici en su bolsa…

Con la bici guardada en la bolsa, había llegado el momento de partir: primero un vuelo corto hasta Londres, luego un vuelo de larga distancia hasta Vancouver y, finalmente, la conexión con Whitehorse, un total de 24 horas de viaje ininterrumpido. Me recogieron los de Mountain Bike Worldwide y nos dirigimos en coche hacia el sur. Eran las 12 de la noche y apenas estaba anocheciendo, la vista del retrovisor era de un color rosa espectacular: ¡el viaje había comenzado con buen pie!

Nuestro recorrido nos llevaría por los mejores senderos de Whitehorse, queríamos montar lo máximo posible en 3 días y medio, así que tenía por delante una lucha contra el jet lag a base de café. La primera escala sería cerca de la ciudad de Whitehorse, en Dirt n Soul, un bike park público parecido a lo que yo me imaginaba que sería una ruta de dificultad baja en el Yukón: matorral bajo y senderos estrechos con curvas suaves entre árboles. Tras una mañana perfecta de fotos y ciclismo, preparamos las cosas y nos dirigimos 45 minutos hacia el sur, en dirección a Carcross. Íbamos a conocer una zona que los lugareños habían desarrollado dentro del programa ‘Singletrack to Success’, un proyecto en el que los indígenas de la zona participan en el trazado de senderos con el fin de atraer turismo a la región. involved in trail building to increase tourism in the region. 

La fiesta estaba a punto de empezar, el guía nos dejó en la cima y nos indicó los recorridos. Medio de broma, comenté que lo único que nos faltaba era encontrarnos un oso y, casualidades de la vida, ¡no tuvimos que recorrer ni 200 metros para encontrarnos, efectivamente, con un OSO! Quizás se sorprendió de que apareciera sin hacer nada de ruido con el nuevo buje Scylence, pero por suerte se alejó de la ruta y pudimos proceder al descenso. Esta ruta era más del estilo que esperaba encontrar: rápida, con curvas bien enlazadas y con tramos técnicos. Con esa pendiente y con los tramos de roca abruptos sería el lugar ideal para poner a prueba los nuevos frenos. Ya no encontramos más osos, había concluido la primera jornada y era el momento de reponer fuerzas.

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Teníamos prevista la Mountain Hero para el primer día de alta montaña, pero la nieve estaba a 1000 metros de altitud y no podíamos recorrer los 25 km de la ruta; la alternativa era un recorrido mixto en bicicleta y a pie. El sendero era muy empinado, así que fui directo a por el piñón de 51 dientes. Combinado con el plato de 32, el cassette me ofrecía una gama de desarrollos muy amplia, y los guías se sorprendieron de ver que apenas tuve que bajarme de la bici. El sendero se construyó en 1902, en plena Fiebre del Oro, y encontramos castilletes y cables de minas mientras subíamos; no quería ni imaginarme lo que tenía que ser subir por ahí cargado de herramientas en 1902. Llegamos a la cima, dedicamos unos minutos a disfrutar de las vistas y comenzamos el descenso de 1000 m. Era un recorrido rápido, bien trazado, el terreno perfecto para ganar impulso sin necesidad de pedalear. La verdad es que casi era difícil calcular la velocidad de descenso hasta que llegamos a un bosque muy tupido a menor altitud.

La última jornada completa la pasaríamos recorriendo rutas por el río Yukón, una zona con un paisaje increíble. Tras dos días de rutas largas, el grupo estaba ya algo cansado, y la verdad es que me vino muy bien disponer de una gama de desarrollos tan amplia, tenía las piernas cargadas pero contar con 51 dientes en el cassette me facilitó un poco las cosas. Terminamos con un tramo de trazado ágil junto al río, nos bañamos, y volvimos a Whitehorse para preparar la ruta del solsticio y la sesión de fotos al atardecer en Mount McIntyre.

No nos imaginábamos lo que nos esperaba: a mitad de descenso nos encontramos con los lugareños que estaban preparando una trazada. Nos detuvimos a hablar con ellos y les dijimos que buscaríamos una lanzadera para subir a la cima y evitar el tramo inferior de la montaña. Estaban tan orgullosos de los senderos que estaban preparando que se ofrecieron a bajar nuestros vehículos para que pudiéramos disfrutar de un último descenso. Una vez terminada la sesión fotográfica del atardecer, subimos a la segunda parte del sendero justo en el momento en el que el cielo se encendía de un color rosa espectacular. El sendero se había inaugurado esa misma semana, y estaba como recién salido del horno. A lo largo del descenso se sucedieron las expresiones de asombro y las risas. En el punto intermedio de la ruta, nos detuvimos, chocamos los manos en alto y coincidimos todos a una: ¡era el mejor sendero que habíamos recorrido en nuestra vida! Seguimos rodando hasta las 12 y media de la noche; fue una experiencia de ensueño, un recuerdo que perdurará.

El último día, terminamos con la Wolverine de Carcross. Habíamos vivido 3 días y medio de aventura intensa en el Yukón, una oportunidad excepcional de montar con el nuevo grupo XTR, pero mi viaje no terminaba ahí. La siguiente escala era volver a hacer lo mismo en la Columbia Británica canadiense. ¡Nos vemos allí!

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