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Asturias en E-Bike

Una aventura electrizante...

Cuando plantee esta aventura tenia muy claro que debía ser algo muy especial, era la primera vez que iba a estar varios días con una E-Bike en la montaña y quería vivir la experiencia intensamente, tocando, oliendo y saboreando cada segundo de esta. La ubicación estaba clara, Asturias me dejo alucinado el año pasado y tenia ganas de repetir, pero esta vez quería ir más allá, adentrarme más, escalar, dormir, sobrevivir, perderme, encontrar eso que no tiene nombre pero que cuando lo encuentras sabes que esta ahí, aunque no lo veas.

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Peña Mea - Aller

Hace algún tiempo vi unas fotos de una impresionante roca en forma de ojo de buey. No tarde mucho en localizar la ubicación exacta, se trataba de la subida a Peña Mea. Un monte situado en el concejo de Aller, en el Principado de Asturias. Su visión era impactante, monumental. La verdad es que mi imaginación se disparo y ya estaba soñando con andar por encima de ese espectacular ojo de buey con mi bicicleta y posteriormente descender toda la montaña.

Aún no lo sabia, pero la aventura sería mucho más intensa de lo que en un principio pensaba. Me encontraba en el pueblo de Aller, ascendiendo a 19 km/h con mi E-Bike, rumbo a la cumbre de Peña Mea y con el objetivo de rodar por encima de mi Némesis (el ojo de buey).

La subida por una pista forestal era larga y dura, suerte que había decidido realizar esta aventura con mi E-Bike, me siento feliz solo de pensar el sufrimiento que estaría experimentando con una bicicleta convencional ahora mismo. Tras duras rampas de tierra de escasa adherencia, las ultimas lluvias habían castigado bastante este camino, consigo llegar hasta el sendero que asciende hasta Peña Mea. La cosa se complica en un porcentaje muy alto, es una senda muy técnica, en subida, y cuando miro hacia delante veo que la pendiente es brutal, incluso para una E-Bike. Comienzo el ascenso pilotando la bici como si de una motocicleta de trial se tratara, hay muchas rocas, realmente esta senda parece un camino de vacas. Descanso durante unos minutos y ya se asoma a lo alto. Veo el ojo de buey. Un pequeño escalofrió de incertidumbre me invade, tengo ese sentimiento de “te has pasado de listo” o de “pero si juraría que era más pequeño en las fotos”.

Continuo ascendiendo, el camino ahora se ha convertido en un zigzag totalmente impracticable, no se puede rodar ya. Toca poner a prueba el modo walk (es el sistema que las bicis eléctricas tienen para cuando te toca empujar de ellas). Tras un buen rato conseguimos llegar arriba. Las vistas son brutales, realmente maravillosas. 100% recomendable esta experiencia. Pero ahora comienza lo más complicado de esta historia. Quiero subir a la parte superior del ojo de buey, quiero cruzar el arco con mi bicicleta y desde ahí, seguir mi descenso hasta nuestro campamento base. Por suerte tenemos buena compañía y buen material de escalada.

No soy ningún experto en temas de escalada, pero lo cierto es que me gusta y siento una gran afinidad por este deporte. Muchos de mis amigos son buenos escaladores y la verdad es que vivo muy cerca del Pirineo, por lo que algo se me tiene que pegar ¿no?.  No sin esfuerzo y sufrimiento consigo alcanzar la cima. La bici la subimos después. Y ahora es cuando me digo a mi mismo, David, te has pasado de listo. La zona por la que quiero pasar esta muy alta, no hay ningún camino, solo un fino filo de roca que a ambos lados deja un impresionante paisaje y mucha altura. Finalmente tras explorarlo a pie lo veo claro, estoy seguro y decido cruzar el ojo de buey. Un subidón de adrenalina me invade y hace que me olvide literalmente de mis compañeros (guía y fotógrafo). Os prometo que les aprecio mucho pero quería disfrutar al máximo de la bajada y no estaba dispuesto a que nada ni nadie me retrasara en mis ansias de bajar. 

El sendero no era rápido dado que el desnivel era muy alto y las rocas impedían que la bicicleta pudiera rodar con fluidez. Poco a poco el sendero se va haciendo más dócil, más rápido y por consiguiente mucho más divertido. La velocidad va en aumento y cuando llego a la pista me sorprendo bajando a casi 70 km/h. Dios, estoy disfrutando muchísimo.

Estoy cansado pero muy feliz. He llegado a nuestro campo base, esta noche dormiremos en el monte, el cielo parece que estará estrellado y será un espectáculo pasar la noche aquí.

La experiencia ha sido increíble, hemos tenido buen tiempo y dormir bajo el manto de estrellas ha sido muy gratificante, aunque creo que hoy buscaremos cobijo en algún lugar con techo, paredes, enchufe y wifi. Nos han recomendado un sitio para pasar la noche, se trata del Hotel de montaña el Fundil, regentado por Manolo, quien además de alimentarnos y darnos habitación se ofrece amablemente para hacernos de guía ese mismo día. Nos muestra una ruta cercana llamada el Gumial. Transcurre por un bosque absolutamente increíble y épico, al llegar a su parte baja el rio nos acompaña durante un buen rato y finalmente un singletrack de ensueño hace que obtenga un climax total al llegar abajo. La experiencia en Aller ha sido increíble, muy buena.

Picos de Europa - Sotres

Decidimos coger el coche y poner rumbo a otra zona de Asturias. Picos de Europa, concretamente a Sotres, donde el año pasado conocimos a un buen amigo, Juanjo, quien regenta el Hotel Casa Cipriano. Desafortunadamente el pasado año tuve que terminar mi visita a Picos de Europa antes de lo esperado, debido a una fuerte caída mientras estaba bajando a gran velocidad. Me golpee muy fuerte las costillas y se daño ligeramente mi diafragma. Necesitaba algo de venganza, en plan cariñoso ya sabéis, sin acritud.

Sotres es un lugar indispensable para los amantes del paisaje y para no pocos excursionistas y montañeros que encuentran en esta aldea el lugar idóneo para iniciar rutas y escaladas. No en vano nos encontramos a 1050 metros de altitud, una de las cumbres humanas de Asturias. Desde allí se divisa el universo cabraliego con otros ojos, y las montañas nos asaltan, cuando la niebla se esfuma, como realidades imponentes, cargadas de leyendas y de atractivos.

El Pico Urriellu nos mira mientras el sol acaricia nuestras caras, Juanjo nos muestra las mejores rutas de la zona, el Valle del Duje o los puertos de Áliva van dejando la batería de mi bicicleta a 0% y a mi también me queda poca batería en el cuerpo, hacer mountain bike (enduro) con una bicicleta eléctrica no significa que no te exprimas al máximo, os lo aseguro, el limite lo pone uno mismo.

Creo que es un buen momento para degustar algunos platos típicos de la zona: fabada asturiana y escalopines al cabrales. Realmente exquisito, aquí se come muy bien, si habéis visitado alguna vez Asturias sabéis de que os estoy hablando. Pasamos la noche tomando unas cervezas y conversando de cosas banales, aquí parece que todo toma otra dimensión, me gusta este lugar, se vive de otra manera, me gusta la montaña y la gente de aquí. Ha llegado el momento de partir, esperando volver pronto y con la sensación de haber aprovechado el tiempo a tope. Creo que no va a ser la ultima aventura con una E-Bike, de hecho creo que esta a sido la primera de muchas. Me marcho de Asturias con ganas de volver y esa es una sensación que dice mucho del lugar que has visitado, ¿no crees?.