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Roads to Ride - Giro

ETNA

14,1km / 6,5 %
1.490 m de altitud

Fragua de Hefestos, el herrero de los dioses, cárcel del gigante Tifón, derrotado por Zeus a pesar de la fiereza de sus cien cabezas, lugar del castillo subterráneo del Rey Arturo, verdadero e indiscutible rey de Sicilia; los mitos del monte Etna forman parte del acervo cultural de innumerables pueblos. Y con toda la razón. Las siniestras laderas calcinadas del volcán activo muestran las cicatrices de numerosas erupciones, la más reciente tan solo en 2001. Desde la ciudad de Palermo, una cinta de asfalto gris serpentea en ascenso por el mítico paisaje negro hasta llegar al nuevo observatorio cósmico (el anterior sucumbió a un río de lava hirviente en 1971), situado a 1736 metros de altura, donde reciben a los corredores unas vistas dignas de los dioses.

MONTE CERVINO

27km / 5 %
1.475 m de altitud

También conocido en otros idiomas como Matterhorn, el Monte Cervino es la cumbre alpina por excelencia. Con su forma piramidal y las formidables tormentas de hielo y nieve que azotan la cumbre, el Cervino se impone majestuoso por encima de glaciares y valles. Es un auténtico icono de los Alpes, objeto de fascinación para montañeros y ciclistas por igual. En bicicleta, el ascenso a Cervinia es largo e irregular. La pendiente media resulta engañosa; no es nada fácil encontrar el ritmo de subida. Pero cuando se oye la llamada del Cervino desde el horizonte, el imponente paisaje de cumbres escarpadas empuja al ciclista agotado.

MONTE ZONCOLAN

10,1km / 11,9 %
1.210 m de altitud

Todo ciclista, por muy experto que sea, siente escalofríos al descender junto al torrente Degano en dirección a Ovaro, donde empiezan las primeras rampas de ascenso al Zoncolan. Al llegar al pueblo, un paisaje bucólico de casitas blancas rodeadas de prados invita a recobrar el aliento antes de partir hacia la cumbre. Tras unos minutos de ascenso suave, empieza la verdadera lucha. Son kilómetros con porcentajes de doble dígito y las pulsaciones suben a la zona roja del pulsómetro. Como en un combate de gladiadores, el Zoncolan es cuestión de vida o muerte para los corredores. Es el momento en que el ciclista se pregunta por qué se le ocurriría subir montañas a golpe de pedal, hasta que alcanza la cima y entonces recuerda por qué el ciclismo es su pasión.

PASSO TRE CROCI

8,1km / 7,1 %
575 m de altitud

Rodeada del aroma de pinos y píceas, más allá del imponente macizo del Cristallo, la carretera asciende curva a curva hasta el puerto de las Tres Cruces. Este puerto de montaña es mucho más que un aperitivo del puerto de Tre Cime, que ya se ve resplandeciente a lo lejos. Este ascenso ofrece una recompensa en cada curva, con grandiosas vistas al típico paisaje abrupto de las cumbres de piedra arenisca. En la cima, las Tres Cruces esperan al ciclista agotado. Son un homenaje eterno a una madre y sus dos hijos, que murieron congelados en este puerto de montaña en 1789, mientras se dirigían desde Auronzo a Cortina d’Ampezzo en busca de trabajo.

COLLE DELLE FINESTRE

19km / 9%
1.694 m de altitud

Durante décadas y décadas, por la carretera militar de ascenso a Colle delle Finestre han transitado exclusivamente cuerpos de diferentes ejércitos y algún pastor que otro. Los restos y las ruinas de fortalezas presentes en esta zona siguen siendo testigos silenciosos del pasado turbulento de la región. Eso fue hasta el año 2011, cuando la gran caravana del Giro se trasladó al Finestre con resultados espectaculares. Los últimos ocho kilómetros del ascenso, sin pavimentar, ponen a prueba las capacidades de los corredores y sus bicicletas, que tienen que afrontar nada menos que 55 curvas de 180 grados a lo largo del ascenso. Así nos aproximamos a la cumbre del Col, donde se funden el pasado y el presente y el eco de un suspiro de alivio baja hasta el valle.

GRAN SASSO

31km / 4.1%
1.263 m de altitud

Los lugareños lo llaman ‘el peñón’ de los Apeninos, il Montagna Pantani, en honor de su victoria de 1999, cuando llegó en solitario a la mayor meseta de la zona. El ascenso es largo pero llevadero, gracias a su pendiente suave. Sin duda, el paisaje de esta parte tan remota de Italia es uno de los paisajes más hermosos de todo el continente. Pueblos antiguos sobre las colinas dominan una carretera solitaria que serpentea en su ascenso hasta superar la línea de arbolado. El ciclista disfruta de unas vistas preciosas de praderas verdes hasta el horizonte infinito, donde el viento sopla en libertad y sin nada que lo detenga sobre la llanura. Pero el puerto de montaña guarda un caramelo envenenado para las últimas rampas: la pendiente se empina por encima del 10 % entre neveros resguardados a la sombra de las rocas hasta llegar al Campo Imperatore, el Campo del Emperador. ¡Pero seguro que los lugareños prefieren llamarlo el  Campo Pirata!