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El hombre mide el tiempo y el tiempo mide al hombre. - Proverbio italiano

"El hombre mide el tiempo y el tiempo mide al hombre". - Proverbio italiano

Una Gran Vuelta es una auténtica bestia, una competición única en el mundo del ciclismo. El reloj no se detiene durante tres semanas, cuenta todos los segundos mientras el pelotón lucha por la victoria en etapas llanas y largas, puertos de montaña y pruebas contrarreloj. Este último tipo de carrera es uno de los momentos clave para todo corredor que tenga serias aspiraciones a hacerse con la victoria en la clasificación general. Las contrarreloj suelen ser un auténtico espectáculo donde la forma física, la cadencia y la aerodinámica afectan a la velocidad del corredor y, en última instancia, a su rendimiento contra el reloj.

Mientras intenta mantener el equilibrio en la caseta de salida de una contrarreloj de una Gran Vuelta, el ciclista es plenamente consciente de que el tiempo es un juez severo; lo que tiene por delante es una auténtica batalla contra el reloj donde cada fracción de segundo determina su clasificación final en la etapa. En una contrarreloj no hay donde esconderse, no basta con pegarse a rueda de otro, ni se puede echar mano de los compañeros de equipo. El ciclista está solo con su bicicleta y el reloj; aquí se ganan o se pierden las Grandes Vueltas.

Sucede algo muy interesante: cada corredor se presenta en la caseta de salida de la contrarreloj con un planteamiento diferente. Los escaladores con aspiraciones en la general anticipan una carrera a tope, donde intentarán limitar las pérdidas con la expectativa de que la ventaja conquistada en la montaña les bastará para mantener su posición en la clasificación general. También están los gregarios que no se centran específicamente en la clasificación general y que buscan gastar el mínimo de energía y quedar dentro del tiempo de corte. Y luego están los especialistas en contrarreloj, una raza especial que puede clasificarse en dos tipos de corredores: los afortunados que poseen la genética perfecta y pueden aspirar a la clasificación general, y otros corredores que miden la importancia de su papel en el equipo en función de su habilidad en la lucha contra el reloj.

Lo curioso es que la clasificación general suele favorecer a los contrarrelojistas rápidos más que a los especialistas en montaña que luchan desesperadamente contra la furia del reloj, incluso en el Giro de Italia, una carrera que destaca precisamente por sus espectaculares etapas de montaña. Por ejemplo, veamos el caso de Tom Dumoulin en la edición centenaria del Giro, disputada en 2017. Su victoria en la general, confirmada en una espectacular contrarreloj en la etapa final, demostró que los contrarrelojistas pueden adaptar su forma de montar y su mentalidad para limitar pérdidas en la montaña y, así, aprovechar el tiempo ganado en las contrarreloj. Este planteamiento camaleónico no es nada fácil de aplicar en el mundo real. La evolución de Dumoulin fue más compleja que la de un escalador que simplemente intentara mejorar en contrarreloj, y demostró su capacidad y su versatilidad para mejorar su rendimiento en la montaña sin perder nada de su velocidad contra el reloj.

¿Se puede conseguir algo así entrenando y pasando más horas sobre la bicicleta? ¿O con una pérdida estratégica de peso? ¿Quizás con un planteamiento analítico que busque el equilibro perfecto entre la montaña y las contrarreloj? Está claro que el Sunweb se propuso mejorar en los puertos de montaña más largos y exigentes; es más, hasta ese momento, Dumoulin era el típico ciclista que no las tenía todas consigo en los ascensos. Un ciclista que evoluciona para especializarse en las contrarreloj se concentra ante todo en los detalles que le ayudan a reducir al mínimo la resistencia aerodinámica. El problema es que, cuando hay que subir a 20 km/h por una pendiente, la experiencia adquirida sirve de poco, y la legendaria relación entre potencia y peso del ciclista va en detrimento de las prestaciones. ¿Cómo consiguió Dumoulin el equilibrio exacto? La clave está en seguir un planteamiento integral. No solo es importante que el equipo se centre en mejorar en la escalada, sino que hay que aprender de memoria cómo se puede subir más rápido sin dejarse llevar por el pánico (sufrir un apretón no es algo que convenga repetir en un momento tan importante de una Gran Vuelta).

Al final, la pregunta que marca la diferencia es: ¿eres escalador, o contrarrelojista? Viendo la historia reciente, para los ciclistas que quieren ganar la general parece una apuesta más segura mejorar la velocidad contra el reloj y limitar las pérdidas en las carreteras de montaña. Por nuestra parte, nos encanta ver la capacidad y el increíble estilo de los escaladores puros que consiguen volar en los ascensos más endiablados lo mismo que nos encanta la fuerza y la potencia de los corredores que son más fuertes contra el reloj. Por suerte, nuestro deporte necesita tener los dos tipos de corredores, porque sin el eterno debate entre escaladores y contrarrelojistas estas Grandes Vueltas se convertirían en una excusa perfecta para echarse una buena siesta frente a la tele. Independientemente de los puntos fuertes o débiles de cada persona, al final el reloj se encarga de poner a cada uno en su sitio.

So the final question from us is, are you a climber or a time triallist? Recent history has shown that if you want a safer bet for the overall win then aim to be fast against the watch whilst limiting losses on the mountain roads. Personally, we love watching the flare and prowess of the mountain goats as they dance up the steepest climbs just as much as we love the strength and power of the strong riders against the watch. Fortunately our sport needs both, because without the age-old climber vs time triallist battle, these Grand Tours could become a good excuse for an afternoon nap in front of the TV.  Irrespective of your strengths and weaknesses, the clock measures everyone in the end.